UN DÍA DE TRABAJO CON PAUL HOBBS: LA ARGENTINA, SUS VINOS, Y LA SOCIEDAD CON PÉREZ COMPANC

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No todos los días se tiene la posibilidad de compartir de un día de trabajo con uno de los winemakers más importantes del mundo. Ecocuyo pudo compartir con Hobbs una jornada de recorrida por las fincas que abastecen a Viña Cobos, su bodega mend

Sus colaboradores parece no poder seguirle el ritmo. Recién bajado del avión, en una de sus 3 visitas del año a Mendoza parte de una agenda obligaciones que lo llevan también a la Patagonia, Salta y al menos 4 paises, el enólogo y bodeguero estadounidense Paul Hobbs no pierde tiempo.

Ecocuyo pudo compartir una jornada de recorrida por las fincas que abastecen a Viña Cobos, su bodega mendocina, casi 110 hectáreas de uvas de alta gama repartidas entre Luján, Tunuyán, Tupungato y San Carlos, en plena vendimia 2019.

“Esta muy bien” o “Hay que esperar al menos un par de semanas” sentencia entre los espalderos de Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Pinot Noir y Chardonnay. Mientras, se deja sorprender por lo que le muestran las calicatas sobre el terroir de cada una, a veces muy distinto a pocos metros en una misma finca.

El neoyorquino cumple 2 años desde que se asoció al gigante argentino de los alimentos Molinos Río de la Plata, al que pertenece la bodega Nieto Senetiner. Y con Ecocuyo hará un balance desde la operación por la cual se quedo con 50% de Viña Cobos.

La meta del 30%

El portfolio de marcas de la bodega refleja el valor agregado de la impronta innovadora. De hecho, su “entry-level” es Felino, a un precio sugerido de $485 la botella (u$s 20 en el exterior). En la cúspide esta Viña Cobos ($9.000/ u$s 300), y en la mitad juegan su partido el blend Cocodrilo ($920/ u$s 30) y Bramare Apellation ($1.150/ u$s 42), Bramare Vineyard Designate ($3000 / u$s 90) un team de exportación.

Llegamos a Chañares Estate, 23 hectáreas de espalderos sinuosos que integran la única finca 100% propiedad de Hobbs (adquirida en 2015), y confirmamos que su proyección al exterior fue fructífera. Sus vinos llegan a mas de 40 paises con Brasil, USA, Canadá, Alemania, Reino Unido y Dinamarca al frente, Perú, Paraguay y Uruguay.

“Actualmente los mejores resultados se obtienen en Asia. Estamos creciendo en China, Hong Kong, Singapur y Japon”, señala el CEO y mano derecha, Ariel Nunez Porolli. Es el líder de un equipo en el cual Hobbs confía plenamente, al punto de ponerlo al frente de las gestiones comerciales en otros puntos del planeta.

El reconocido flywinemaker cuenta con media docena de bodegas propias esparcidas por el mundo: 2 en su natal EEUU (pronto sumara otras 2 a Cross Barnes y Paul Hobbs Winery, en Sonoma), un proyecto asociado en Armenia, otro en Cahors (Francia) donde solo produce Malbec, y también en la gallega Albaredos.

Pablo de Bernardi (Asistente de viñedos), Miguel Flores (Periodista), Pancho Barreriro (Periodista), Ariel Nuñez Porolli (Presidente), Juan Ignacio Naman (Asistente de viñedos), Paul Hobbes (Enólogo y dueño), Facundo Impagliazzo (Gerente de viñedos) y Andres Vignoni (Enólogo).

Hoy la bodega de Agrelo exporta unas 100 mil cajas por 9 botellas a esos destinos. Pese a que no suena fácil en un mundo donde el consumo se acota y resulta difícil vender vino de alta gama, el ejecutivo asegura que “el objetivo es crecer un 30% en los próximos 5 años”.

Variedades “viajeras” y nuevas experiencias

Hobbs no para de innovar. Al margen de “exportar” plantines de Malbec a Cahors, impulsa el Pinot Noir que tanta gloria le dio en California, tanto en Mendoza como en Río Negro.

Alla partió su equipo con la misión de hallar un viñedo acorde. “Nos costo mucho, pero finalmente encontramos una hectárea en condiciones optimas para lo que queremos”, cuenta Facundo Impagliazzo, jefe del área de Agronomia del hallazgo a 120 kilómetros de Las Grutas, junto al agrónomo Juan Ignacio Naman y el enólogo Andrés Vignoni, que ya reportó 4 toneladas.

De hecho, la bodega empezó a producirla en Agrelo también. Mientras, el “jefe” prueba y se sorprende por la calidad de la Chardonnay en Los Arbolitos (Tunuyan), que pese a su altitud se cosecha 100% horario nocturno para optimizar calidad y tiempos. En paralelo, un ensayo con Gewursztraminer; 1.000 kilos a procesar para decidir si el vino resultante merece entrar a la familia de marcas.

Con tanta innovación a cuestas, desde la bodega saben que llegó la hora de medirse. Por eso, en pocos meses la sala de degustación de la firma se vestirá con ejemplares de todas las etiquetas que el enólogo viajero logro poner en el mercado de los distintos países.

“Le tengo miedo a la situación actual”

-¿Cómo observa la cosecha actual?

Creo que es un muy buen año hasta ahora. Hay una pequeña influencia del Nino, pero encuentro viñedos sanos, de una calidad excelente.

¿Le preocupa que Argentina termine con sobreestocks?

Ese es otro problema, porque muchas bodegas tienen demasiado vino y no tienen mas capacidad. Es una lástima, un problema gravísimo también para los productores que no pueden elaborar y venden la uva. Desconozco lo que pase a futuro, pero tengo miedo de la situación. Tal vez desaparezcan viñedos, pero también dependerá de la situación económica de Argentina y de los factores externos.

¿Y cómo percibe al país en el mundo?

En cuanto a imagen Argentina esta mejorando. Cinco anos antes era distinto. Ahora empuja con una mejor relación precio-calidad de sus vinos. Tenemos una oportunidad, seguramente, pero la economía juega en contra. A los turistas les encanta, lo que se necesita es mas estabilidad con el menor intervencionismo posible. Creo en el mercado libre, en el laissez-faire (dejar hacer).

¿Qué balance hace de la fusión con el grupo Molinos?

Los Perez Companc son buenos socios, porque no intervienen ni en producción ni en marketing. Tengo las manos libres como antes. Estoy feliz así, y la perspectiva es buena. Tampoco hay interacción con las otras bodegas del grupo como Nieto y Ruca Malen.

¿En qué suma y en qué no la sociedad a sus planes con Viña Cobos?

Suma bastante, porque conocen a los consumidores argentinos y son una empresa muy estable y con base solida. Eso es muy bueno para nosotros.

¿Cómo es hacer vino en otros países no tradicionales como Armenia?

No es fácil, porque las variedades son raras y complejas, y los tramites difíciles. Pero me encanta. Tampoco resulta demasiado accesible en España y Francia, incluso en Napa Valley, donde la tierra y los impuestos lo encarecen mucho. Por eso me apoyo en mi equipo de Vina Cobos; conocen las culturas, tienen buenas relaciones y además puedo contar con ellos en contraestación, cuando estoy muy ocupado. Igual, el vino no es solo calidad sino también imagen, porque la gente viaja cada vez mas y puede comparar experiencias.

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