BELATRIX, LA EMPRESA BOUTIQUE QUE QUIERE SER EL NUEVO UNICORNIO ARGENTINO.

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La desarrolladora de software mendocino prefirió crecer en el resto de América Latina antes que en Buenos Aires. Hoy, con US$ 35 M de facturación y más de 700 empleados, tiene como objetivo final convertirse en una compañía de U$S 1.000 M.

La familia Robbio, el padre Luis -al centro- y los dos hijos, Alex (45, con un título de grado en Psicología de la Universidad Nacional de San Luis) y Federico (43, ingeniero industrial, Universidad Nacional de Cuyo y gerente de Finanzas de la compañía).

Y si Bill Gates hubiera nacido en la Argentina? Eso se preguntó Luis Robbio en una entrevista tras su presentación frente al Foro Empresarial del BID, que tuvo lugar hace un año, y su respuesta fue contundente: “No existiría Microsoft”, aseguró entonces, repitiendo una broma que circulaba en el país hace unos años porque “los bancos prestaban contra bienes materiales” y los assets de una empresa dedicada al desarrollo de software —como lo es Belatrix, compañía de la que Robbio es CEO—son “bienes intelectuales que para la industria bancaria no existían”.

Si bien la problemática planteada por este ingeniero mendocino de 68 años cambió en los últimos años —según expresó—, queda establecido que emprender en las tierras descubiertas por don Pedro de Mendoza no es para cualquiera, y más aún cuando se trata de servicios apalancados en la economía del conocimiento. Como botón, vaya un dato: mientras países como Corea del Sur e Israel invierten más de cuatro por ciento de su Producto Bruto Interno en investigación y desarrollo, y los Estados Unidos arañan el tres, la Argentina apenas llega al 0,63 por ciento, de acuerdo a datos de la Unesco.

Un proverbio chino afirma que las grandes almas tienen voluntades mientras que las débiles, tan solo deseos. Más allá del difuso origen de la frase, es un mensaje que resume la historia de Belatrix, una compañía mendocina desarrolladora de software que nació en 2002: en un entorno históricamente hostil para los negocios enteramente privados, los emprendedores argentinos que se hacen notar tienen esa cuota extra de ingenio para ir a contramano de la historia y sortear todas las previsiones agoreras para emplear en la actualidad a más de 700 personas en cuatro países (la Argentina, los Estados Unidos, Perú y Colombia) y US$ 35 millones de facturación anual el año que pasó.

Ellos no lo dicen con todas las letras pero el camino, aunque falte un largo trecho, desemboca en una Oferta Pública Inicial en el país del Norte y la posibilidad de convertirse en el quinto unicornio argentino (las empresas valuadas en más de US$ 1.000 millones) , siguiendo los pasos de MercadoLibre, Despegar, OLX y Globant.

Familia emprendedora

¿Quiénes son ellos? La familia Robbio, el padre Luis y los dos hijos, Alex (45, con un título de grado en Psicología de la Universidad Nacional de San Luis) y Federico (43, ingeniero industrial, Universidad Nacional de Cuyo y gerente de Finanzas de la compañía). La crisis de 2001 trajo la salida del esquema “1 a 1” entre peso y dólar estadounidense y eso creó la oportunidad de exportar servicios a valores muy convenientes, cuenta Alex, que así recuerda la historia de esta empresa que hoy tiene como clientes destacados a Disney, Adobe, NEC, Nuskin, PWC, PLA y la insurtech Ingenicó durante una extensa charla con Infotechnology: “Somos una familia de emprendedores. Mi papá, que pasó por el grupo Pescarmona, tuvo algunos emprendimientos con nosotros (NdE: habla de un negocio de importación de computadoras que fracasó) pero en ese momento, en 2001, cada uno estaba en la suya. Él estaba con un emprendimiento personal, Federico trabajaba para Techint y yo estaba con productos de software desde lo comercial. Como un poco intuí la situación que se venía, y motivado por mi esposa, decidimos emigrar a los Estados Unidos”, cuenta quien hoy, y desde 2006, es presidente de Belatrix.

“Desde el primer día dijimos ‘vamos a hacer una compañía global, con ambiciones y estándares globales’.” -Alex Robbio, presidente de Belatrix.

Luego de trabajar “de cualquier cosa para poner comida en la mesa”, Alex consiguió un puesto como desarrollador en Brookline Technologies, una compañía con base en Salt Lake City, Utah, y como le fue bien, le patrocinaron los trámites para obtener una green card y con esa posibilidad es que se decidieron los tres a lanzar un proyecto. Desde allá y acompañado por su hermano y su padre, abrieron una pequeña oficina en Mendoza, el lugar de origen de la familia, y comenzaron a crecer bastante rápido en base al modelo indio de desarrollo: más barato y por volumen. Su primer cliente fue, justamente, Brookline, lo que ponía a Alex de los dos lados del mostrador.

“La verdad es que el talento argentino es reconocido y después de hacer un montón de entrevistas se quedaron impresionados y se aliaron con nosotros”, señala. “En aquella época, posdevaluación de 2002, acá éramos súper baratos. Fue la única época de mi vida en la que me sentí millonario porque venía acá y los dólares me rendían un montón”, agrega entre risas. Y, según el entrevistado, también había una amplia disponibilidad de mano de obra en aquel momento, particularmente en Mendoza, donde la economía estaba mal. Un contexto malo para el país, pero bueno para arrancar una empresa con pretensiones globales.

Los comienzos de la empresa fueron modestos. De hecho, su presidente cuenta que para convencer a su primer cliente llamaron a amigos y familiares para que la oficina aparezca más llena de lo que solía estar habitualmente.

Sin embargo, señala Alex, el modelo no les funcionó. “Nos dimos cuenta de que el diferencial en la Argentina y en toda América latina es el valor de la proximidad horaria con los Estados Unidos. El desarrollo ágil requiere una comunicación frecuente y fluida entre el usuario del negocio y el equipo de desarrollo, algo que la India por cuestiones horarias no puede resolver.” La receta fue talento y proximidad horaria con un detalle central, la autofinanciación. La visión a largo plazo no cambió a causa de la ansiedad de inversores, lo que les permitió reinvertir en recursos humanos en repetidas ocasiones. “Desde el primer día dijimos ‘vamos a hacer una compañía global, con ambiciones y estándares globales’. Por eso hicimos todo en inglés, con profesores inhouse para aquella persona que no sabía, reinvirtiendo mucho en capacitación para seguir agregando clientes.”

La sede en Buenos Aires abrió en 2014 y la nueva en Mendoza vio la luz el año pasado.
Para ello, en diciembre de 2017 y tras una inversión de $ 17 millones, abrieron sus nuevas oficinas en una emblemática esquina de la ciudad de Mendonza donde estuvo durante mucho tiempo la tienda “El Guipur”. Y pocos meses después, en febrero del año pasado, inauguraron site en Bogotá, Colombia, con la presencia del gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo.

Buenos Aires vía Lima, Perú

Hay quienes pasaron toda su vida laboral dentro de Belatrix. Es el caso, por ejemplo, de la ingeniera de Sistemas Alejandra Roitman que en 2004 se convirtió en la empleada número 11, cuando ingresó al área de QA Testing. Desde ese lugar pasó a Desarrollo durante casi tres años (entre 2007 y 2010) y luego volvió. “Me di cuenta de que no me gustaba mucho”, cuenta.

Desde que volvió a su lugar de QA, su camino fue de crecimiento constante, primero como líder de proyecto y, tras la certificación correspondiente, como Scrum Master desde hace cinco años, “cuando recién se empezaba a hablar de metodologías ágiles”.

En la actualidad, se está amoldando a un nuevo rol como coach de los 47 líderes de proyecto, situación que la tiene ocupada medio tiempo como Scrum y medio tiempo en sus nuevas tareas. Todo este crecimiento de la empresa la llevó, hace dos años, a mudarse a Buenos Aires. “Necesitaban a alguien que trajera la cultura de la empresa”, afirma y reconoce que “es rarísimo”, incluso para una firma que nació en el interior, tener a toda su gerencia en Mendoza y cuenta que no dejan de crecer: ingresan, por sitio entre 20 y 25 personas por mes. “Primero surgió Lima, después Buenos Aires y hace poco Bogotá. Trabajar con gente de todos lados acá es natural.”

Respecto de las oficinas en Lima, Perú, donde Belatrix ya tiene más de 300 personas trabajando, Alex Robbio cuenta que surgió cuando se dieron cuenta de que Mendoza les empezó a “quedar chico”, en 2011. “Miramos un montón de países como Uruguay, Costa Rica, Chile y México, pero Perú quedó muy bien posicionado”, relata. “Era un lugar donde íbamos a ser una de las primeras compañías globales con un modelo ágil en un mercado donde todavía reinaba la informalidad, algo que ahora cambió mucho. Al llegar tan temprano acá pudimos aprovechar bien el mercado de talentos y, de hecho, nuestra buena imagen y nuestra cultura nos permitió ‘robar’ gente a SAP, a IBM, a las mejores.”

El primer empleado en la capital peruana fue Luis Silva (43), un desarrollador recibido en la Universidad Nacional de San Marcos y con paso previo tanto por empresas privadas como el sector público de su país. Ingresó a Belatrix en 2011 luego de una entrevista con Federico Robbio y estuvo en Mendoza durante un mes y luego comenzó su trabajo allá. “Al principio hacía de todo, me encargaba de lo administrativo y lo logístico para mantener una oficina de no más de 25 personas. Hoy tenemos 470 metros cuadrados en cinco pisos de un edificio de 23”, dice. Actualmente, Silva está enfocado exclusivamente en la ingeniería, puntualmente en el área de Calidad. “Belatrix se diferencia en la cultura, hay gente que se va para luego volver. Aposté por ellos y felizmente salió todo bien”, señala Silva durante una entrevista telefónica.

El desembarco en la capital de la Argentina llegó relativamente tarde en esta historia, en 2014, tras la adquisición de Waragon, una empresa dedicada al reclutamiento de personal dedicado a la tecnología. “Fue nuestra primera adquisición, lo hicimos para traernos a la gente y usarlos como cabeza de playa para expandirnos en Buenos Aires”, prosigue Alex Robbio. “Nos costó desarrollar negocios en Buenos Aires desde Mendoza.” De hecho, hasta que no abrieron una sede en estas latitudes no pudieron lograrlo. “Me preguntaba: ´¿cómo puede ser que hablemos el mismo idioma, seamos del mismo país, estemos a una hora de vuelo pero que no pueda convencerte porque estoy allá?´”, enfatiza.

Para continuar con la expansión en Silicon Valley, Noziglia está en proceso de mudarse a San Francisco, Estados Unidos, con su familia (esposa y dos hijas de seis y 10 años), dado que una gran parte de los clientes de la compañía están en el país del Norte. “Por una cuestión estratégica no vendíamos en América latina hasta que decidimos que 15 por ciento de la facturación tenía que venir de la región. Al exportar servicios dependemos del tipo de cambio, pero si damos servicio también en la región, minimizamos un poco nuestra exposición”, destaca.

Para Alex Robbio, después de casi 20 años de recorrido, los desafíos que más recuerda no son tanto los tecnológicos sino los de tipo social y personal. “Cuando nos ha ido mal, es porque no hemos sabido trabajar o ayudar al cliente a generar un modelo efectivo de trabajo con nosotros. A la tecnología le encontrás la vuelta; la otra pata es un poco más compleja.” En este sentido, uno de los traspiés que superaron fue la apertura y posterior cierre de un centro de desarrollo en China tras un año y medio de trabajo (entre 2008 y 2010). “Ahora sabemos que necesitamos gente que se maneje con diferentes idiomas y que pueda trabajar a un ritmo y estilo occidental.”

De cara al futuro, el año pasado el presidente de la firma también se mudó, en este caso a España, para desembarcar en los mercados europeos. “Estamos en plena área de discovery. En España se está democratizando el Venture Capital y sorprende la capitalización que están logrando las startups españolas, que rondan los 100, 150 millones de euros, y tienen un sector bancario que está invirtiendo fuerte.”

Además, están trabajando desde un tiempo a esta parte para estar listos para recibir inversiones externas. “Estamos evaluando la alternativa de encarar una capitalización e hicimos los deberes para que esto pueda suceder: somos auditados globalmente por PwC desde hace tres años y la empresa está económicamente sólida, con un equipo gerencial que no necesita de los fundadores para funcionar. “Lo positivo de sumar inversores sería fortalecernos con una visión externa que traiga una mejor gobernanza, y lo único negativo que veo es que hay que tener un retorno planeado porque nadie invierte sin saber que tendrá un exit.”

Belatrix está en proceso de pasar de ser una llamativa startup mendocina con éxito en América latina a uno de los grandes jugadores globales dentro de la economía del conocimiento. Y a otra de las sospresas a la que nos tiene acostumbrados la Argentina. Fuente: Infotechnology

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