PALACIO SAN JACINTO, EL VINO MENDOCINO QUE REFLEJA LA HISTORIA DE LA “BELLE ÉPOQUE” DE ARGENTINA

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Por Oscar Pinco

Cuando un vino tiene historias para contar, le agrega un hándicap indiscutible, un gran valor agregado. Ese es el caso de Palacio San Jacinto, Cabernet Sauvignon 2014 Reserva, un vino con uvas de San Carlos, vinificado en esa misma región del Valle de Uco, pero que cuenta la historia de un palacete enclavado en medio de una extensísima Estancia de 75 mil hectáreas ubicada en Rojas (Provincia de Buenos Aires), cuyo casco fue un símbolo perdido de esa “Belle Epoque” de la aristocracia de nuestras pampas, perteneciente a la familia Unzué.

“El Castillo”. Palacio San Jacinto, ubicado en Rojas (Provincia de Buenos Aires), símbolo perdido de esa “Belle Epoque” de la aristocracia de nuestras pampas, perteneciente a la familia Unzué.

La etiqueta tiene la imagen del Palacio San Jacinto, y en la contraetiqueta se resume su historia, y tiene una tarjeta que cuelga del pico de la botella que agrega datos, que actuó como un disparador que nos animó a seguir investigando, porque en esa historia centenaria (el Palacio San Jacinto se empezó a construir en 1920) hay guardados secretos y bellezas para quién se anime y se asome a ellos.

Sergio Pedro Patta, dueño de Cuyo Aromas, de las especies Aromas Gourmet, y de la línea de Aceite de Oliva, de Pepitas de Uva y Aceto Balsámico Castiglione Vecchio, bautizó a sus vinos con el nombre de “Palacio San Jacinto” en honor a que junto a esa Estancia fue donde estudio el secundario en el Colegio Salesiano de La Trinidad.

Patta le relató a Ecocuyo: “Yo soy de Ascensión, partido de Gral. Arenales, pegado a Santa Fe, Rojas, Junín, Colón, Leando N. Alem. Hicé la secundaria pupilo en el Colegio Salesiano de La Trinidad y me recibí de ‘Agrónomo General’. De ahí me fuí a estudiar Ing. Química en la UBA, pero no me recibí porque me puse de novio con una mendocina, me casé y al poco tiempo en 1994 me vine a Mendoza “.

Sergio Pedro Patta, dueño de Cuyo Aromas bautizó a sus vinos con el nombre de “Palacio San Jacinto” en honor a que junto a esa Estancia fue donde estudio el secundario en el Colegio Salesiano de La Trinidad.

La Estancia San Jacinto se encuentra en el distrito de Carabelas, y la que era su dueña e hizo construir el Palacio, María Unzué de Alvear, fue una gran benefactora y donó la la Escuela Salesiana Trinidad que bautizaron “Concepción Gutierrez de Unzué” en honor a su madre.

Los lugareños llamaban al enorme casco “El Castillo”-

Patta, en su honor hizo una síntesis que se puede leer en el vino: En 1920, María Unzué, heredera de Saturnino y de la Estancia San Jacinto de 70.000 hectáreas, construye el “Palacio San Jacinto” que será inaugurado con toda solemnidad el año 1924 y donde vive parte de su vida con su marido Ángel Alvear, hermano de Marcelo Torcuato.

Beba Alvear quedó viuda en 1905 y era considerada la mujer más rica de la Argentina.

“La Beba” fue una persona muy abocada a la ayuda humanitaria y su generosidad se volcó a diversos sectores como culturales, educativos, religiosos y caritativos. En Rojas hizo construir el hospital, la iglesia y los asilos de ancianos y huérfanos. En Arenales donó 500 hectáreas para la fundación del pueblo de Ferré y La Trinidad y construyó el colegio salesiano. Donó parcelas para las escuelas y capillas en Carabelas, Pergamino, Colón, La Beba y La Angelita. Fue distinguida con los títulos de condesa y marquesa pontificia, y la Orden del Santo Sepulcro. Falleció en Buenos Aires el 18 de febrero de 1950, en 1970 se remató y demolió el Palacio.

“Yo estuve el día del remate, tenía 8 años, me llevo mi viejo.Todo el mundo se llevo algún recuerdo. Fue un día gris, nublado, frío, típico de invierno pero parecía que el tiempo acompañaba la situación”, recordó Sergio.

Vamos a los inicios de la Estancia San Jacinto. Saturnino Unzué era un próspero comerciante en Buenos Aires y en 1850 ya había comprado tierras en Mercedes, pero en 1851 cuando el Gral. Justo José de Urquiza organiza el Ejército Grande para derrocar a Juan Manuel de Rosas, buscaba recursos para fortalecer a sus tropas y ese dinero lo iba a destinar a pertrechos. Y Unzué le hizo un suculento aporte.

El 3 de febrero de 1852 fue la Batalla de Caseros donde efectivamente Urquiza logró derrotar a Rosas, por lo que en 1855 el caudillo entrerriano le entrega a Saturnino Unzué, en pago por lo prestado, unas 30 leguas cuadradas de tierra, equivalentes a unas 75.000 hectáreas, en la zona de Rojas, convirtiéndose en un próspero hacendado con la explotación agrícola y ganadera.

Cuando Saturnino Enrique falleció en 1886 (a los 60 años), que también había realizado aportes por entonces a Julio Argentino Roca para su Campaña al Desierto y le había entregado tierras a cambio, por lo que los Alzaga Unzué se convirtieron en los más grandes terratenientes con unas 500 mil hectáreas de campo. Y fue entonces que continuó administrando la Estancia San Jacinto, su hija María de los Remedios Unzué, quien por entonces tenía 25 años. La Estancia se llama San Jacinto en honor a su abuela, María Jacinta Rey Uzal.

Un año antes contrajo matrimonio con Ángel Torcuato del Corazón de Jesús de Alvear Pacheco (hermano de quien fuera el Presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear), pero para la alta sociedad porteña era la Beba Alvear.

En 1920 decidió encargarle al arquitecto francés Louis Faure Dujarric, el diseño y la construcción del Palacio San Jacinto, como casco de su Estancia, de estilo normando francés, con 100 habitaciones que fueron decoradas y amuebladas con distintos estilos, picaportes que brillaban porque estaban enchapados en oro, majestuosas arañas colgantes, muebles importados de Francia, como adornos, Sevres, estatuas de bronce, vidrios artísticos de Nancy, y muchísimos cuadros de diferentes artistas que ubicaron a la Beba como una verdadera mecenas.

En su época gloriosa el palacete, dividido en un par de alas por la entrada principal, impresionaba por su lujo bizantino, y sus reuniones sociales marcaban la agenda de entonces, ya que por la extensa estancia ubicada a unos 250 kilómetros al oeste de la Capital eran surcadas por 3 líneas del Ferrocarril (San Martín, Belgrano y Urquiza) y fue visitado por ilustres personalidades como los Presidentes argentinos Marcelo Torcuato De Alvear (su cuñado), Agustín P. Justo, y Manuel Ferraz Campos Salles, presidente de Brasil.

El arquitecto Louis Faure Dujarric había construido el court central de Roland Garros en París, y fue quien se encargó de transformar con el espíritu de la Belle Époque al Hipódromo de Palermo -entre 1908 y 1912- imprimiéndole el estilo neoclásico francés.

Habitué a las crónicas sociales de entonces, sobre todo en la revista Caras y Caretas, a Louis lo trataban como un “dandy anglófilo”, o “gentleman architecte”, siempre a la última moda impecablemente vestido, y llegando en su lujoso Rolls Royce.

En el Castillo fue filmada la película “Fantoche” (1957) protagonizada por Luis Sandrini y Beatriz Taibo, y todo su esplendor quedó plasmado en el celuloide -en blanco y negro- y en un fragmento del film el lector podrá apreciar esta maravilla arquitectónica.

Fue muy reconocida como una extraordinaria filántropa, por lo que fue distinguida con los títulos de Condesa y Marquesa Pontificia. Presidenta de la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires, mantuvo un acérrimo enfrentamiento con María Eva Duarte de Perón, con quien se confrontaban dos mundos: La Beba era representante de la oligarquía terrateniente, y Evita la abanderada de los humildes, que hasta quedó plasmado en el film Evita, protagonizado por Madonna y dirigido por Alan Parker, y basado en el musical homónimo de los británicos Andrew Lloyd Webber y Tim Rice. A tal punto llegó el enfrentamiento que una vez que falleció La Beba, su deseo póstumo era que sus restos descansen en una cripta ubicada en la Basílica Santuario Nacional de Santa Rosa de Lima, que ella donó y mandó construir en Av Belgrano y Pasco, cerca del Congreso, pero que Evita prohibió. A los dos años fue Evita la que murió, y precisamente su deceso se produjo en la Quinta Unzué, utilizada como Residencia Presidencial, una mansión que había pertenecido a parientes directos de la Beba.

María de los Remedios Unzué Gutiérrez Capdevila falleció en Buenos Aires el 18 de enero de 1950 a la edad de 88 años. No dejó descendencia directa, y El Castillo y las 60 hectáreas que lo rodeaban fueron heredados por las 4 hijas de su sobrina nieta y ahijada, Ángela González Álzaga (Lita), quien hizo su usufructo hasta que las herederas, Lucía, María Inés, Teresa, y Amalia fueron mayores de edad. Y así sobrevino la decadencia de las terceras generaciones, ya que rara vez perdura más allá de la tercera generación la fortuna y la prosperidad de los que en su momento fueron los nuevos ricos.

Los terrenos se subdividieron y la “plata dulce” por la herencia que recibieron sin ningún esfuerzo, hicieron que ese esplendor de otrora bajara por el tobogán de la decadencia. La mala administración derivó en falta de mantenimiento y deterioro, por lo que decidieron en 1968 vender la propiedad a Ecuador Inversora, una empresa de capitales estadounidenses radicada en Montevideo, que pretendía instalar allí un Hotel-Casino, cosa que no logran habilitar porque la ley de entonces imponía que no podía funcionar un Casino a menos de 400 kilómetros de Buenos Aires, por lo que el 20 de junio de 1970 la mansión y sus pertenencias salen a remate, y con los bienes muebles y la demolición, la empresa buscó recuperar su inversión, pero con la picota se demolió también el patrimonio histórico, cultural y arquitectónico de una Argentina que se mostró al mundo como el granero del mundo.

El vino, un Cabernet Sauvignon Reserva 2014, expresa la calidad del terroir de Valle de Uco con viñedos a 1100 metros de altura, con la tipicidad varietal bien definida, con la complejidad que le aporta el roble francés, con notas a calahorras, aceitunas griegas, y con sus taninos amansados que le dan una elegancia particular, y cuando lo dejamos abrir (tengamos en cuenta que es 2014) aparece un dulzor fantástico con unas notas a chocolate impecables. Yo lo acompañé con un locro (preparaciones corpulentas si las hay) y anduvo fantastico.

Y si un vino te incentiva a escarbar en la historia, el objetivo está logrado con creces.

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