EL PLAN DE BODEGA RUTINI PARA HACER PIE EN AFRICA Y MEDIO ORIENTE

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Rutini Wines conoce los secretos de la exportación. En 2019 se vendieron 225.000 cajas, contra las 212.000 del año anterior, lo que significó un crecimiento de 6%. Hoy está posicionada en América Latina (Perú y Brasil), Estados Unidos, Europa y China, y busca nuevos horizontes: África y Oriente Medio.

“A Medio Oriente y África fuimos el año pasado por primera vez. Fue un viaje exploratorio. Sabemos que son mercados difíciles, porque los musulmanes tienen mucho control sobre las bebidas alcohólicas, pero hay oportunidades para vender y mucha competencia, ya que llegan vinos de todo el mundo. Lo importante de ese mercado es que son una gran vidriera hacia otros países”, cuenta el director comercial de Rutini Wines, Enrique Coscia.

Respecto de África, dice que es muy diferente, “dependiendo de qué país se trate”. Y agrega: “Como hay muchos expatriados que consumen todo lo que venga de Occidente, nos da una gran posibilidad de poder introducir nuestro vino. Aunque no tienen la misma cultura de consumo que hay en la Argentina, pensamos que puede andar bien”, agrega.

Los viñedos fueron mejorando su calidad gracias a la innovación. Cerraron el año con expectativas superadas e impulsaron una nueva variedad: cabernet franc.

“Trabajamos con inteligencia artificial y seguimiento de drones. Hoy, podemos definir la madurez gracias a una máquina multiespectral que nos muestra distintas ondas de luz que se transmiten a los viñedos con diferentes colores que nos muestran la madurez, los aromas y azúcares de la uva. Buscamos la última tecnología para estar a la vanguardia en nuestros vinos”, dice Mariano Di Paola, director de enología de Rutini Wines.

En la bodega trabajan varios enólogos. Tanto en Maipú como en Tupungato hay un jefe de enología en cada bodega, que están dirigidos por Di Paola. “Di clases en la facultad durante 23 años y eso me permitió conocer a alumnos brillantes y apasionados. Es uno de los secretos del éxito, el trabajo en equipo”, cuenta Di Paola, uno de los mejores 30 enólogos del mundo, según la revista del Decanter .

Felipe Rutini fundó la bodega en 1885. Tras 135 años, hoy es un reconocido jugador en el mercado. “Empezamos a exportar San Felipe (blanco y tinto) caramagnola en 1964 cuando en la Argentina no había envíos de vino al exterior”, recuerda Coscia.

Hoy, Estados Unidos es uno de los principales destinos de las exportaciones de la bodega, con ventas por casi US$4 millones anuales. Es el equivalente a más de 80.000 cajas de 12 unidades al año, de las variedades malbec y cabernet sauvignon.

Rutini Wines tiene casi todas las variedades plantadas en sus 400 hectáreas. “Dar el ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única manera”. Esta frase de Albert Einstein se puede leer en distintos rincones de la bodega.

A la hora de importar, admite Di Paola que “existen trabas para productos como barricas, corchos, botellas de vidrio especiales, tintas y papel para etiquetas”. Agrega Coscia que esto “afecta la calidad de los productos a exportar”. Y agrega: “Eso suma otro inconveniente de competitividad, además de las retenciones”.

El gran tema de la economía es la inflación. “Si no para y nos pisan el tipo de cambio, estamos condenados a perder todo lo realizado en estos años. Pronto la rentabilidad caerá drásticamente y se perderán mercados, que es la consecuencia más grave. Si uno deja su lugar, será muy difícil reinsertarse”, reflexiona.

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